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Encajar con los vecinos

Varias posibles fusiones entre diferentes autoridades portuarias vecinas han sido noticia recientemente, ya que las experiencias de puertos vecinos recién emparejados han sido, en prácticamente todos los casos, positivas.

En Escandinavia, una segunda fusión transfronteriza (después de la fusión de Copenhague-Malmö), entre el puerto sueco de Umea y el finlandés de Vaasa, se llevó a cabo este verano. Dos puertos de Liguria, Savona y Génova, han discutido abiertamente las ventajas e inconvenientes del emparejamiento. En la costa oeste de los Estados Unidos, la Comisión 2020 de Los Ángeles declaró algo obvio: una fusión entre los puertos de Los Ángeles y Long Beach sería sensato. Las sensibilidades políticas, sin embargo, han impedido que esto ocurra. Además, los puertos de Australia Occidental se fusionaron en 2014.  

Estos casos, así como otros anteriores, muestran que para las autoridades portuarias propiedad del gobierno es algo excepcional llevar a cabo un “proceso de abajo hacia arriba” por el cual las autoridades portuarias locales deciden explorar los beneficios de la fusión (los casos escandinavos). En cambio, una política de estado de arriba hacia abajo a menudo impulsa iniciativas de fusión, como en Italia, Grecia, Australia Occidental, España y Portugal. Esto contrasta con puertos totalmente privados en el Reino Unido donde, debido a las fusiones y adquisiciones, las mayores empresas portuarias administran varios puertos.  

Una de las ventajas de las fusiones es que los costes de operación se reducen y las decisiones de inversión se racionalizan. La reducción de los costos de operación es directamente beneficiosa para todas las partes interesadas, convirtiendo los costes de operación en inversiones que crean valor para todo el puerto.  

Sin embargo, el compromiso de los empleados y de la dirección es un requisito clave para una exitosa fusión. Los resultados de los procesos de fusión de arriba hacia abajo serán probablemente menos positivos que las de los procesos de fusión de abajo hacia arriba. Por lo tanto, las políticas nacionales que permitan e, incluso, incentiven las fusiones pueden ser mejores que las decisiones firmes de arriba hacia abajo.  

Un paso clave sería tratar el desarrollo portuario como lo que es: una actividad comercial. Si se lleva a cabo por una autoridad portuaria propiedad del gobierno (y puede haber razones legítimas para optar por la propiedad estatal), esa autoridad portuaria deberá tratarse y ser gobernada como una empresa comercial, sin la interferencia política en la toma de decisiones.  

Dentro de este marco, uno podría pensar que los ejecutivos portuarios verían con buenos ojos visitar a sus colegas de los puertos cercanos con una buena predisposición sobre la manera de crear valor de forma conjunta para los usuarios del puerto. El resultado lógico de ello sería, sin duda, fusiones más beneficiosas.